domingo, 6 de diciembre de 2009

Mi amor esperará

La primera vez que la vi fue hace más de 20 años. Me encantó desde el principio, la he pensado, añorado, deseado cada día, pero aún no había podido hablar con ella. Cada circunstancia en que la veía estaba con un hombre diferente. ¿Cómo hablarle? ¡No podía! Siempre me apenó todas estas décadas la falta de amor hacia ella, era obvio: siempre un hombre diferente. Es decir, ella se entregaba en cuerpo y alma a cada nuevo amor, solo para ser víctima del desdén de hombres incapaces de amar. Ayer, por fin, la vi, ¡sola! Me acerqué, eso sí, con el corazón en la boca. Le dije por fin todo lo que sentía por ella, que la esperaría toda la vida y la eternidad si es necesario para que acepte mi humilde propuesta de amor. Se rió en mi cara: raudales de carcajadas inundaron con su divino aliento mi faz. “Soy prostituta”, me dijo. Vivía del longevo oficio, y no tenía intención de abandonarlo hasta que aún gustará a los hombres dispuestos a pagar por su sexo efímero. No importa, y se lo dije, “yo te esperaré por toda la vida y la eternidad”. Y cumpliré. Soy un hombre de palabra.

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