
Tengo hambre. Quiero comer. Supongo que es una relación lógica. Si tengo hambre, entonces, quiero comer. Parece una buena proposición para una clase de lógica formal. Pues bien, saldré este sábado a comer comida china, ¡si señor! Pero, no, ya he comido chino dos veces esta semana. Quiero variar. ¿A ver? ¡Ya sé! ¡Comida italiana! No. He comido mucha pasta todo el mes. ¿Francesa? No. ¿Brasileña? No. Comida criolla. ¡Pero si la como todos los días! No. ¿Japonesa? Quizá, pero el restaurant japonés que conozco es muy caro, y, bueno, tengo el dinero, pero no quiero gastar tanto en un almuerzo. ¿Thailandesa? ¿Hindú? No quiero hoy comidas tan exóticas, quisiera algo más normal. ¿Hamburger? ¿Es eso comida? Qué vaina. Ya me desanimé. Tendría incluso que bañarme para salir, y estoy como aletargado. Es más, me quedo en la casa y cocino. A ver que tenemos: arroz, papas, carne de vaca, camarones…pero, no quiero cocinar, lo que se dice cocinar, no estoy en eso ahora. ¡Ah, pero en 15 minutos empieza el partido Yankees-Boston! Ok, entonces, me como estos platanitos y un refresco rojo y ya está. ¡Qué sábado espectacular pasaré!
No hay comentarios:
Publicar un comentario