jueves, 17 de diciembre de 2009

Un poco de silencio, por favor


Me gusta dormir a la misma hora cada noche, digamos, alrededor de las 12:00-12:30 de la noche. Me cepillo los dientes (no sin antes pasarme el hilo dental), apago todas las luces del apartamento, me pongo una pijama (sí, uso pijama, ¿y qué?), orino todo lo que tenga dentro para no estar despertándome en la madrugada, y listo, a la cama. Pero hace una semana han ocupado el apartamento de al lado, una pareja joven, creo yo de unos 25 a 27 años, los dos. Nada anormal que el apartamento lo hayan alquilado después de tres meses desocupado, pero el problema es que dicha pareja hace el amor todas las noches. Bueno, realmente ese no es el problema, sino que hacen ruido. Bueno, seamos francos: ¡hacen un maldito escándalo y me espantan el sueño!

Ya voy por una semana con insomnio, lo que yo considero una fatalidad. Me gusta dormir 7 horas corridas, sin interrupciones, y los amantes del departamento contiguo han hecho de mis dulces sueños unas horribles pesadillas, o peor, unas escalofriantes desveladas. He hablado con ellos y me llegaron a jurar incluso moderación en sus gritos feroces al hacer el amor. Me han mentido. Siguen haciendo ruidos que semejan los rugidos de leones, tigres, hienas y payasos fracasados. Me he quejado ante la administradora del edificio y me ha dicho que tomará cartas en el asunto y que en la próxima reunión del edificio el tema será tratado. Espero que así sea, o fuese, ya que le ha dado un infarto y está hospitalizada y ahora mismo no habrá reunión del edificio hasta sabe Dios que fecha.

He usado tapones para los oídos, pero los gritos feroces, los ruidos de nalgadas, las maldiciones que profieren (supongo yo en el acto del sexo oral), el quejido infernal de la cama del dúo fornicador sigue siendo tal que los tapones ya pasaron a mejor vida: al zafacón. Lo último que hice fue ir directamente a un destacamento de la policía y cuando intenté poner la querella los dos policías que me atendieron empezaron a reír como energúmenos, al punto tal de que frente al recinto policial una señora fue asaltada y casi violada mientras ellos no se percataban del asunto por estar pataleando en el suelo muertos de risa, con las caras hinchadas y los ojos bañados en llanto.

Me doy por vencido. Creo que me mudaré próximamente a donde mi tío Gertrudio, que vive en un edificio donde el más joven de los inquilinos tiene 67 años de edad. Supongo yo que aun cuando en ese condominio hayan quienes ejerzan el sexo ya no tendrán la fuerza suficiente para gritar como lobos salvajes al sostener encuentros eróticos en las madrugadas. ¡Ojalá!

lunes, 7 de diciembre de 2009

Dilema gastronómico


Tengo hambre. Quiero comer. Supongo que es una relación lógica. Si tengo hambre, entonces, quiero comer. Parece una buena proposición para una clase de lógica formal. Pues bien, saldré este sábado a comer comida china, ¡si señor! Pero, no, ya he comido chino dos veces esta semana. Quiero variar. ¿A ver? ¡Ya sé! ¡Comida italiana! No. He comido mucha pasta todo el mes. ¿Francesa? No. ¿Brasileña? No. Comida criolla. ¡Pero si la como todos los días! No. ¿Japonesa? Quizá, pero el restaurant japonés que conozco es muy caro, y, bueno, tengo el dinero, pero no quiero gastar tanto en un almuerzo. ¿Thailandesa? ¿Hindú? No quiero hoy comidas tan exóticas, quisiera algo más normal. ¿Hamburger? ¿Es eso comida? Qué vaina. Ya me desanimé. Tendría incluso que bañarme para salir, y estoy como aletargado. Es más, me quedo en la casa y cocino. A ver que tenemos: arroz, papas, carne de vaca, camarones…pero, no quiero cocinar, lo que se dice cocinar, no estoy en eso ahora. ¡Ah, pero en 15 minutos empieza el partido Yankees-Boston! Ok, entonces, me como estos platanitos y un refresco rojo y ya está. ¡Qué sábado espectacular pasaré!

domingo, 6 de diciembre de 2009

Mi amor esperará

La primera vez que la vi fue hace más de 20 años. Me encantó desde el principio, la he pensado, añorado, deseado cada día, pero aún no había podido hablar con ella. Cada circunstancia en que la veía estaba con un hombre diferente. ¿Cómo hablarle? ¡No podía! Siempre me apenó todas estas décadas la falta de amor hacia ella, era obvio: siempre un hombre diferente. Es decir, ella se entregaba en cuerpo y alma a cada nuevo amor, solo para ser víctima del desdén de hombres incapaces de amar. Ayer, por fin, la vi, ¡sola! Me acerqué, eso sí, con el corazón en la boca. Le dije por fin todo lo que sentía por ella, que la esperaría toda la vida y la eternidad si es necesario para que acepte mi humilde propuesta de amor. Se rió en mi cara: raudales de carcajadas inundaron con su divino aliento mi faz. “Soy prostituta”, me dijo. Vivía del longevo oficio, y no tenía intención de abandonarlo hasta que aún gustará a los hombres dispuestos a pagar por su sexo efímero. No importa, y se lo dije, “yo te esperaré por toda la vida y la eternidad”. Y cumpliré. Soy un hombre de palabra.

Contando ovejas


Anoche tuve insomnio. Apele al consabido conteo de ovejas saltando una valla. Ya iba por 13.595 ovejas…y nada. Decidí contar animales más veloces, como las gacelas, pero iban saltando a tal rapidez que aparte del insomnio me aportó una grave crisis de estrés. Decidí cambiar a una animal menos veloz. Buena idea. Entonces veía a tortugas saltar…bueno, a una tortuga, que no terminaba de saltar la maldita valla. Tuvo que hacer uso de una escalera, pero como de era de madera y muy envejecida, a cada paso rompía un tramo distinto de la escalera hasta que no hubo escalera y se devolvía la tortuga y tomaba camino al mar donde se sentía como pez en el agua (pero recuerden, era una tortuga). Entonces, aparte del insomnio, sentí una sensación atroz de asfixia.